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Artículo publicado en el número 8 de “Náhuat, revista de solidaridad con El Salvador” (Barcelona, septiembre 2020). Fotografía: Festival del Añil en Suchitoto / Jorge Ménjivar

El añil es un colorante azul conocido también con el nombre de indio o azul maya que se obtiene del jiquilite, un arbusto de 1 a 1,5 m de altura.

El azul maya, está considerado el pigmento orgánico más estable del mundo. Fue muy demandado por sus excelentes propiedades de resistencia a la luz, a la biocorrosión y al calor, además de por su intensidad de color. Si bien se identifica con el azul, su tonalidad puede llegar hasta el turquesa o azul verdoso claro u oscuro, un resultado que depende del proceso de fabricación y la técnica de teñido utilizada. Los antiguos pobladores de esta región mesoamericana, conocían la planta llamada xiuhquilit (hierba azul), palabra que evolucionó después en “xiquilite” y “jiquilite”. Fernández de Oviedo, considerado el primer naturalista del Nuevo Mundo, ya referenció en el año 1526 los tintes azules utilizados por las poblaciones locales. A mediados del siglo XVI El Salvador ya producía un 91% del añil procesado en América Central.

Durante más de tres siglos (XV- XVIII) fue el principal producto de exportación ocupando un papel capital en la economía y en la sociedad centroamericana. Su cultivo conformó la tradicional estructura de hacienda y obraje en El Salvador, Nicaragua y Guatemala. Generó la utilización forzosa y explotación de campesinos indígenas, la migración estacional, el peonaje de hacienda y todas aquellas formas serviles de trabajo que significaron estas pequeñas industrias textiles. Así fue como el añil se volvió parte integrante de la cultura salvadoreña, especialmente en zonas como Suchitoto, Santa Ana, Sonsonate, Olocuilta, Sensuntepeque, Chalatenango, San Miguel, San Salvador o Zacatecoluta, siendo parte importante de las principales transformaciones económicas, sociales y políticas del país.

Sin embargo, el descubrimiento de los colorantes sintéticos y su introducción en el mercado internacional a un menor coste, marcaron el declive de esta actividad y por tanto, de la producción nacional. Aunque el añil, fue poco a poco, sustituido por el café como principal producto de exportación, su producción a pequeña escala continuó existiendo a lo largo del s. XX, hasta prácticamente desaparecer en la década de los años sesenta y setenta.

Suchitoto (lugar de pájaros y flores) en el departamento de Cuscatlán sufrió con crudeza la Guerra Civil del país. Aparte de la destrucción de sus edificios, los pobladores tuvieron que emigrar de la localidad, por lo que terminó casi abandonada. Según testimonios, de los 10.000 habitantes que tenía Suchitoto apenas permanecieron en el lugar unas 50 familias.

En 1991 cinco organizaciones se unieron formando la Concertación de mujeres de Suchitoto para trabajar por el empoderamiento individual y colectivo de las mujeres de la zona.

Posteriormente, a finales de 1999, por el interés de un conjunto de actores públicos y privados, en Suchitoto se reactivó la producción y comercialización del añil orientado tanto al mercado local y el turismo como a la exportación hacia el mercado europeo. En los primeros años las estrategias se enfocaron en la identificación de potenciales compradores, en el rescate de las técnicas de cultivo y procesamiento del añil y en la incorporación de tecnologías que permitieran incrementar el rendimiento por hectárea para así poder obtener mayores niveles de calidad y hacer más eficiente el procesamiento.

En 2004, la Concertación, que ya se había consolidado tras años de defensa de los derechos de las mujeres, recibe tanto el apoyo de la Colectiva Feminista para el Desarrollo local como de instituciones de cooperación internacional crea el “Fondo de Equidad de Suchitoto”. Este Fondo dio paso a iniciar un conjunto de proyectos para contribuir a la recuperación de los saberes tradicionales con la producción y comercialización de actividades productivas artesanales. Nacieron y se reforzaron varias cooperativas y pequeños comercios vinculados al añil donde las mujeres han tomado el liderazgo facilitando que colectivamente, mujeres rurales hayan conseguido una autonomía económica que en muchos casos, son los ingresos familiares que sostienen sus hogares.

Así, las mujeres a través de sus habilidades manuales en el teñido, la costura, el bordado y el diseño, confeccionan piezas y accesorios de vestir en añil convirtiendo Suchitoto en la capital del azul maya, donde además, se organizan ferias, talleres, jornadas formativas o, anualmente, el Festival del Añil. / Eduard Balsebre /

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